Café 23: Donjuanismo, ¿patología o virtud?

23 de octubre, 18 horas

FÉLIX GONZÁLEZ YAGÜE.- El término donjuanismo es socialmente reconocido y aplicado al comportamiento de algunos hombres respecto de la conquista de las mujeres, a las que buscan enamorar, seducir, engañar y una vez conseguido su objetivo las abandonan con el solo deseo de coleccionarlas como una especie de trofeo que ha ganado en una competencia de caza. Los donjuanes buscan la virginidad y la pureza en las mujeres, y una vez que cumplen sus propósitos, se decepcionan, las desprecian y salen en busca de otra conquista. Para el Don Juan toda mujer es un reto, usa su poder con toda clase de artimañas, técnicas de seducción y mentiras para obtener a la mujer que desea.

El hombre con personalidad de Don Juan no puede tener relaciones duraderas, profundas, sino formas de relaciones superficiales.

El término donjuán es una creación de la Literatura Universal. Desde la Edad Media y aún mucho antes desde las épocas de la Grecia Antigua, donde algunos dioses y especialmente Zeus podrían aspirar sin dificultad al título de Don Juan. En las aventuras amorosas del padre de los dioses, como en la vida del caballero de Sevilla de Tirso de Molina se encuentran raptos, violaciones, seducciones etc. Pero fueron necesarios los siglos de moralismo cristiano para
transformar los inocentes excesos sensuales del dios griego en las hazañas amorosas de un noble que hace tales estragos en el terreno del amor (El
Burlador de Sevilla). Fue precisamente en el ambiente árido, represivo y severo de la Corte española, donde se cernía la pesadilla de la Inquisición, donde
aparece esta idea como contraparte del estereotipo de la etiqueta y la sensualidad reprimida.

Desde la aparición del mito de Don Juan, esta figura se ha instalado en el pensamiento y en el sentimiento de nuestra cultura occidental, en donde el
donjuanismo se plantea como una relación entre sexos que otorga al varón una superioridad desconsiderada sobre la mujer. Este modelo de conducta muchas
veces es reafirmado en los varones desde la infancia, debido al estereotipo de masculinidad que todavía prevalece. “Mientras más parejas sexuales, más
hombre se es”. Es demasiado importante la educación en el hogar por parte de los padres respecto a este aspecto en los jóvenes, pues es precisamente en
la etapa de la adolescencia cuando se define la disfunción de la identidad sexual. El hombre con una clara identidad de género no puede jamás ser un don Juan. En realidad, los hombres que son donjuanes hasta el fin de sus vidas lo son porque siempre conservan los rasgos de esa indeterminación juvenil.

Hablaremos de todo ello en el próximo café filosófico, en El fin del mundo (23 de octubre, 18 h). Se ruega máxima puntualidad, ya que en esta ocasión se grabarán las intervenciones de moderadora y ponentes.

Moderadora: Lucina Gil

Ponentes:

Ana María Caro. Médica sexóloga · Licenciada en Medicina, Doctora en Epidemiología y Salud Pública · Máster en Sexología Clínica y Educación Sexual en INCISEX (Instituto de Ciencias Sexológicas), en convenio con la Universidad de Alcalá · Programa de entrenamiento en Sexología Clínica con enfoque sistémico, en Biko Arloak, Bilbao · Miembro de la AEPS (Asociación Estatal de Profesionales de Sexología)

David Merlo. Actor, coreógrafo, bailarín, director compañía teatral kaleidoscopio, … y Don Juan.

Ulises Wensell. Ingeniero de caminos, pintor, filo-filósofo, … y anti-Don Juan.

Abraham Martín Maestro: Profesor titular de Literatura española. Universidad Complutense. Especialista en literatura comparada.

Es frecuente encontrar en algunos hogares donde hay varios jóvenes, cómo el juicio favorable del padre, y aun el de la madre, sobre la conducta de uno de sus hijos estimula la actitud de estos hacia la relación con muchas mujeres al mismo tiempo, incluso celebrando en algunos casos la promiscuidad como una
reafirmación de la hombría del joven. Socialmente el joven que tiene éxito con las mujeres es más aceptado en los grupos incluso de mujeres que aquel que es tímido o muy parco en la conquista del amor del sexo opuesto. Una característica muy notable de los donjuanes es su incapacidad para amar. Son anarquistas del amor. Ignoran la felicidad, la virtud, la decencia. Consideran válida cualquier arma para conquistar. Los sentimientos de la otra persona no son tenidos en cuenta. Solo les interesa el instante de placer y el triunfo permanente sobre la mujer que someten y el marido o el novio que logran burlar.

El hombre con personalidad de Don Juan concibe el amor como algo deportivo, pasajero, ve en este una competencia permanente y compite con otros hombres para ver quién trata de conquistar el mayor numero de mujeres.

Uno de los conceptos de la teoría Psicoanalítica postula que en los individuos con personalidad de Don Juan podría hallarse una homosexualidad latente, debido al alto contenido de narcisismo en su personalidad.

Hay otra hipótesis que atribuye al seductor crónico una fijación al amor de la figura materna, no encontrando satisfacción en ninguna otra mujer. De esta
forma le es imposible mantener una relación íntima, sana y duradera.

Este estilo seductor puede ser una verdadera compulsión, se vuelven adictos a la conquista, es algo que les otorga seguridad y confianza, que se convierte en una forma de vida, sin la cual se les hace imposible vivir.

El donjuán cree estar enamorado, pero este sentir es transitorio y de allí, podemos deducir que nunca lo está. Se convierte en un deseo de tipo platónico, nunca un verdadero amor. Platón siempre decía que uno desea lo que no tiene. Esto le sucede al individuo con características de Don Juan: en aquel momento en que conquista aquello que tanto deseaba inmediatamente pierde su interés. En el caso de que la mujer se enamore de él, pierde el deseo e interés por la mujer y la abandona. Muchas veces sin haber tenido relaciones íntimas, en el momento que él se da cuenta que ella lo desea ya consiguió su triunfo y se decepciona. Pero en el caso de que él ponga los ojos en una mujer y esta no ceda, allí es donde no se da por vencido y se vale de todos sus poderes de conquista hasta lograr tener el triunfo sobre esta.

Los donjuanes se divierten con el sufrimiento ajeno, por eso las mujeres piensan que no tienen compasión. Para ellos el amor no puede ser considerado
profundo, no existe compromiso como en la mayoría de las personas, es un amor transitorio, que logra destruir al otro. Para el donjuán las mujeres son iguales, sean como sean, atractivas, feas, gordas, flacas, jóvenes, viejas, lo que les importa es someterlas para luego abandonarlas.

El donjuán tiene una característica importante, sabe cómo llegar a la mujer,cuaándo halagarla, percibiendo las necesidades o carencias de su víctima.

Podríamos ver en ellos una conducta fóbica, una forma de defenderse de los contactos afectivos duraderos. Usando como mecanismos de defensa la reacción por lo contrario, la idealización, la evitación.

¿Será el donjuán feliz? Después de tanto seducir y abandonar se encuentra con la cruel realidad de su soledad, convirtiéndose en un peso. Hay que tener en cuenta a individuos de 40 a 55 años que han sido donjuanes, muchos de ellos a pesar de estar bien maduros siguen viviendo con sus madres, lo que nos demuestra la interpretación edípica del Donjuanismo.

Las crisis que tienen alrededor de los 50 nos muestran su insatisfacción. A esa edad se dan cuenta de que sus amigos están casados, con hijos y para ellos es
difícil disfrutar de la compañía femenina como cuando tenían 25 años.

Es en estos momentos cuando muchos acuden a la consulta profesional. Los más inteligentes quieren que se les oriente para formar una familia, se sienten muy apresurados por todo el tiempo perdido y quieren una ayuda, para poder llevar una sana vida. Muchos tienen unos niveles de autoestima bajos.

Otros buscan la consulta con el fin de que se les ayude a continuar con su vida de conquistas.

El donjuanismo pertenece al trastorno histriónico de la personalidad, este trastorno se presenta en hombres y mujeres.

Se observa en solteros como en casados. No toda persona que tenga muchos amantes padece de este trastorno, para que lo tenga tiene que reunir los criterios diagnósticos del trastorno Histriónico de la personalidad. Las personas que sufren de este trastorno poseen un patrón en general de una excesiva emotividad y una búsqueda permanente de atención, que comienza al principio de la edad adulta; tenemos los siguientes indicadores, según el DMSIV, como lo indican cinco o más de ellos:

1. No se siente cómodo en las situaciones en las que no es el centro de atención.

2. La interacción con los demás suele estar caracterizada por un comportamiento sexualmente seductor o provocador.

3. Muestra una expresión emocional superficial y rápidamente cambiante.

4. Utiliza permanentemente el aspecto físico para llamar la atención sobre sí mismo.

5. Tiene una forma de hablar excesivamente subjetiva y carente de matices.

6. Muestra autodramatización, teatralidad y exagerada expresión emocional.

7. Es sugestionable, por ejemplo, fácilmente influible por los demás o por las circunstancias.

8. Considera sus relaciones más íntimas de lo que son en realidad.

HISTORIA

Tirso de Molina fue el primer dramaturgo en elaborar el tema nacional de Don Juan, figura típica del barroco español: El ansia nunca satisfecha de goces sensuales. El romanticismo vio en esta figura la encarnación del rebelde contra las normas morales sociales; Zorrilla hará la versión romántica en el siglo XIX. En la literatura universal, después de Tirso, fue usado el tema numerosas veces: Don Juan romántico de Zorrilla, el Don Juan moderno de Valle Inclán en
sus Sonatas, el Don Juan de Molière (1665), el de Mozart, el de Goldoni, Byron, Lenau, Lenormand, Show, Max Frisch. Todas estas versiones diferentes del
tema: Don Juan como conquistador, como seductor, Don Juan voluptuoso y sensual, símbolo de lo masculino, símbolo de la feminidad masculina, “el hombre que no saborea”, el cínico, ateo, pecador, canalla brutal, buscador de ideales a lo Fausto, latente homosexual, etc.

Según Youssef Saad, el Don Juan de España es una figura auténticamente española, pero tiene muchas semejanzas con una figura árabe, Imru al-Qays, quien vivió en Arabia durante el quinto siglo: como Don Juan, era un burlador y un seductor famoso de mujeres; como el Don Juan de Zorrilla, fue rechazado por su padre por sus burlas y también desafió abiertamente a la ira divina.

Según Víctor Said Armesto, las raíces literarias de Don Juan se pueden encontrar en los romances gallegos y leoneses medievales. Su precursor típicamente llevaba el nombre de “Don Galán” y este hombre también trata de engañar y seducir a las mujeres, pero tiene una actitud más piadosa hacia Dios.

Ninguno de los donjuanes feudales ha conseguido pasar a la historia como Don Juan de Tirso. Don Juan está ahí como categoría universal junto al Quijote de Cervantes, el Hamlet de Shakespeare y el Segismundo de Calderón o el Edipo de Sófocles. El tema de Don Juan de Tirso quedó sin agotar, pues la literatura universal se ocupó de él.  Siguieron tratando el tema: Molière, Zamora, Mozart, Byron, Lenau, Shaw, Valle-Inclán, etc. hasta la última versión, la de Max Frisch (Don Juan o el amor a la geometría).

Se suelen considerar antecedentes de la versión de Don Juan de Tirso los pecadores arrepentidos de El rufián de Cervantes, La fianza satisfecha de Lope de Vega y El esclavo del demonio de Mira de Amescua. Como posibles modelos históricos se han ido teniendo siempre al sevillano Miguel de Mañara, aunque parece probado que nació después de compuesto El burlador de Sevilla, o el famoso Juan de Tassis (o Tarsis) y Peralta, II Conde de Villamediana (1582-1622), poeta español adscrito al culteranismo y famoso por su talante agresivo, temerario y mujeriego, con una reputación de libertino, dandy, amante del lujo, de las piedras preciosas, los naipes y los caballos.

No es casualidad que el personaje de Don Juan saliera de una parábola bíblica y de cuatro comedias hagiográficas. De ahí la ejemplaridad moral del drama de Don Juan. Anteriores al Don Juan de Tirso son los caballeros libertinos, los Comendadores de Fuenteovejuna o Peribáñez de Lope de Vega, verdaderos donjuanes feudales, y sus derivaciones del donjuanismo castrense, como los capitanes de El Alcalde de Zalamea. Pero, mientras los donjuanes anteriores a Tirso atropellan hembras con su brutalidad feudal y abusan de su poder, el Tenorio de Tirso es un “caballero” apuesto y cortesano, que encubre sus perfidias con elegante y refinada aristocracia, sabe dar atractivo a su persona para seducir sin usar la violencia, se presenta con su carácter de arriesgado valor que no retrocede ante poderes humanos ni divinos, y rinde culto al honor siempre y cuando se trata del propio, naturalmente: “Sevilla a veces me llama el Burlador, y el mayor gusto que en mí puede haber es burlar una mujer y dejarla sin honor”.

Cuando la estatua del Comendador, asesinado por Don Juan, le pregunta si cumplirá su promesa de acudir al segundo convite, Don Juan responde: “Honor tengo y la palabra cumplo porque caballero soy”. El cinismo y la petulancia espectacular forman parte de su persona; aunque arropados con la elegancia  ecesaria para hacerlos atractivos.

Tras esta acuñación del personaje de Don Juan Tenorio, El Burlador de Sevilla por Tirso de Molina (1583-1648), se dan varias imitaciones del mito:

Molière: Dom Juan ou le festin de pierre (1665), cuyo Don Juan no solo roza los límites de la más cínica arrogancia, sino que también nos muestra un Don Juan con un gran escepticismo religioso. Antonio de Zamora (1660-1728): No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague y convidado de piedra (1714 o 1722). Wolfgang Amadeus Mozart en su ópera Don Giovanni (libreto de Lorenzo Da Ponte [Praga, 1787]), LordByron (Don Juan [1818-1824) y  George Bernard Shaw (Man and Superman [1903]) en Inglaterra.

El Burlador de Tirso pasó inmediatamente a Italia, donde se difundió enseguida en diversas versiones. Luego pasó a Francia de la mano de Molière y  Corneille. En Italia lo refundió Carlo Goldoni (1707-1793) con su Don Juan o el castigo del libertino (Don Giovanni Tenorio ossia Il Disoluto [1736]), tras la nueva versión española de Antonio de Zamora (1665-1728) en su No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague o convidado de piedra (1714 ó 1722).

El siglo XIX, con el Romanticismo, cambió el tratamiento del personaje. Hasta ese momento Don Juan siempre acaba castigado por sus pecados en el infierno; el Romanticismo, que se sentía atraído por personajes rebeldes y amantes de la libertad, se sintió fascinado por esta figura, analiza su satanismo y teoriza sobre si el seductor, que encarna el mal, se siente culpable o no, y si puede salvarse. El Romanticismo vio en Don Juan el símbolo del rebelde contra las convenciones, el rebelde individualista. En esta época se multiplicaron las versiones: Hoffmann, Merimée, Dumas, Puschkin, lord Byron –cada uno lo interpretó con su propia sensibilidad y mentalidad.

En el Romanticismo se dio un nuevo rumbo al mito; unas veces se une al tipo primitivo y otras a la expresión de la vivencia personal a creadores que en su vida tuvieron mucho que ver con él. Como el Don Juan de Byron, y el protagonista de El estudiante de Salamanca, de Espronceda. Y en relación con los primitivos están la versión de Zorrilla, Don Juan Tenorio, y las francesas de Merimée y A. Dumas.

Aunque el Don Juan romántico pierde con respecto al primitivo, ya que a veces llega a mostrarse como un simple juguete del destino y hasta se enamora
sinceramente, dejando de ser el mito eterno del cínico seductor que fácilmente olvidaba para volver a seducir.

Lord Byron compuso entre 1819 y 1824 el poema Don Juan en tono brusco y desenfadado. Prosper Mérimée lo presenta con dos personalidades encontradas en Las almas del purgatorio o los dos don Juan (1834). José Zorrilla, en su Don Juan Tenorio (1844), la versión romántica del tema de Don Juan, despojó a este de su grave lección moral, destruyendo la finalidad perseguida por su creador Tirso de Molina. La idealización del seductor eterno e irresistible, ídolo de un panteísmo erótico, es ajena a la intención de Tirso. Si Don Juan no fuera católico creyente, su rebeldía contra los poderes sobrenaturales perdería su grandeza; si fuera un vulgar libertino, su figura perdería todo su esplendor legendario. La figura del Burlador va preformándose en la mente de Tirso en
cuatro momentos capitales: el duque de Calabria de La ninfa del cielo, los dos galanes de Santa Juana y el pródigo Liberio de Tanto es lo de más como lo de menos, y el Comendador de La dama del Olivar.

La versión romántica de Zorrilla, su Don Juan Tenorio (1844), fue la más afortunada en España y la que todavía se sigue representando todos los años a primeros de noviembre. A diferencia de Tirso, Zorrilla transforma al personaje fanfarrón incrédulo en un héroe simpático que acaba en brazos de su amada –
aunque sea en la otra vida. El amor de una mujer lo salva.

El siglo XX siguió analizando al personaje por medio de concienzudos ensayos como los de Gregorio Marañón, Américo Castro o Ramón Menéndez Pidal, retomando el tema literario y presentándolo como un provinciano (los hermanos Machado con Don Juan de Mañara) o como un chulo de barrio (Ramón Pérez de Ayala en Tigre Juan). Incluso el cine lo ha presentado como un hombre atrapado por el destino cuya condena es vivir, en Don Juan de los infiernos de Gonzalo Suárez.

La figura de Don Juan suscitó siempre diferentes versiones e interpretaciones: la tradicional interpretación de Don Juan como prototipo de virilidad ha entrado en el siglo XX en crisis con las diferentes interpretaciones que los médicos y los siquiatras han dado del tipo de Don Juan. Sobre todo, las teorías de Sigmund Freud (1856-1939) sobre la homosexualidad latente en muchos hombres cambió totalmente la imagen tradicional de Don Juan como prototipo de la virilidad. La generación de 1898 se ocupó del tema (Miguel de Unamuno, Ramón Pérez de Ayala, el internista y ensayista Gregorio Marañón, el filósofo y ensayista José Ortega y Gasset).

Entre Ortega y Marañón se entabló una polémica sobre la figura de Don Juan: Ortega defendía la interpretación tradicional de Don Juan como prototipo de la virilidad o del “calavera” español. Marañón veía en Don Juan, desde el punto de vista médico, al hombre que tiene dificultades emocionales en el trato con las mujeres y es incapaz de establecer una relación personal con ellas, un hombre que teme cualquier “ligazón” a una mujer. Para Marañón Don Juan es un bisexual o un homosexual latente (que no ha salido aún del armario), tal vez llevado por la escenografía que nos pinta a un Don Juan barbilampiño, con cara de adolescente indiferenciado, bello como una jovencita.

Una interesante interpretación moderna de la figura de Don Juan es la obra del dramaturgo y novelista suizo Max Rudolf Frisch (1911-1991) en su comedia-parodia Don Juan o el amor a la geometría (1952) en la que reinterpreta el mito de Don Juan. Frisch empezó a interesarse por el tema por sugerencia del dramaturgo alemán Bertolt Brecht (1898-1956), siguiendo uno de sus temas preferidos, la relación entre identidad e imagen.

Argumento: Don Juan es un intelectual cínico para quien las mujeres no dejan de ser algo anecdótico en su vida. Su único interés es científico: ama por encima de todo la “geometría masculina”; su distracción, el ajedrez. Pero su fama de mujeriego le impide dedicarse a su pasión, pues las mujeres, de las que huye como de la peste, no dejan de perseguirlo, lo acosan, y consiguen conquistarlo (al revés de lo que le sucede al Don Juan de Tirso). Los maridos se ofuscan, malinterpretan lo que está sucediendo y lo retan. Y van muriendo uno tras otro, duelo tras duelo. Para poder gozar de la necesaria tranquilidad, tiene que escenificar su muerte. Así que escenifica su descenso a los infiernos.
Así, si las mujeres lo creen muerto, lo dejarán en paz y tendrá la tranquilidad suficiente para centrarse en sus estudios y su pasión por la geometría. Al final es encerrado en un palacio por una de sus admiradoras (una antigua prostituta) y concluye sus días resignado al lado de su esposa Miranda y de sus hijos. Don Juan acepta la paternidad, cosa imposible tanto en el Don Juan de Tirso como en el de Zorrilla, y con ello alcanza cierta madurez como hombre.

En el último acto de esta tragicomedia vemos a Don Juan ante una mesa cubierta para dos personas. Don Juan riñe al mayordomo porque lo avisó demasiado pronto para comer. Llega el obispo y Don Juan sigue maldiciendo porque no lo han llamado puntualmente para comer. Se siente como un cautivo en este palacio, pero no quiere volver a su vida anterior. Se ha enamorado en la duquesa de Ronda, que no es otra que la antigua prostituta Miranda. Entra la duquesa en el comedor cuando el obispo está contando que se acaba de estrenar en Sevilla el descenso de Don Juan a los infiernos. Se va el obispo y Don Juan y su mujer se sientan a la mesa. Como quien no quiere la cosa, la duquesa comenta que está esperando un hijo.

 

OBRAS

Tirso de Molina, (Gabriel Téllez) o Andrés de Claramonte: El burlador de Sevilla y convidado de piedra (1625).

Pedro Calderón de la Barca: No hay cosa como callar (1639)

Alonso de Córdoba y Maldonado: La venganza en el sepulcro, del siglo XVII.

Paolo Zehentner: Promontorium Malae Spei (1643)

Giacinto Andrea Cicognini: Il convitato di pietra (1650)

Dorimon (Nicolas Drouin): Le Festin de Pierre, ou le Fils Criminel (1658)

Molière: Dom Juan ou Le Festin de Pierre (1665)

Rosimon: Festin de Pierre, ou l’Athée Foudroyé (1669)

Thomas Shadwell: The Libertine (1676)

Antonio de Zamora: No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague o Convidado de piedra (1714)

Carlo Goldoni: Don Giovanni Tenorio ossia Il Disoluto (1736)

Christoph Willibald Gluck y Gasparo Angiolini: Don Juan, balet (1761)

Choderlos de Laclos: Las amistades peligrosas (1782)

Lorenzo da Ponte: libreto de Don Giovanni, ópera de Mozart (1787)

E.T.A. Hoffmann: Don Juan, novela (1813)

Lord Byron: Don Juan, poema épico (1819-1824)

Christian Dietrich Grabbe: Don Juan und Faust (1829)

Alexander Pushkin: Kamenyi Gost (El convidado de piedra) (1830)

George Sand: Lélia (1833) y Le Château des  Désertes (1851)

Prosper Mérimée: Les âmes du Purgatoire, novela  (1834)

Blaze de Bury: Le souper chez le Commandeur (La  cena en la casa del comendador (1834)

Alexandre Dumas: Don Juan de Marana ou la Chute d’un ange (1836)

José  de Espronceda: El estudiante de Salamanca, poema (1840)

Franz  Liszt: Réminiscences de Don Juan, inspirado en la ópera de Mozart (1841)

Søren  Kierkegaard: Diario de un seductor (1843)

Nikolaus Lenau: Don Juan (1844)

José Zorrilla: Don Juan Tenorio (1844)

Ventura de la Vega: El hombre de mundo (1845)

Gustave Levasseur: Don Juan barbon (1848)

Jules Virad: La vieillesse de Don Juan (La vejez de Don Juan, 1853)

Charles Baudelaire: Don Juan aux enfers, poema (1861)

Guerra Junqueiro: A morte de D. João, poema (1874)

Rafael María Liern: Doña Juana Tenorio (Imitación burlesca de escenas de Don Juan Tenorio en un acto y en verso, 1876)

Ford Madox Brown: The Finding of Don Juan by Haidee, pintura (1878)

Paul Heyse: Don Juans Ende (El fin de don Juan, 1883)

Leopoldo Alas Clarín: La Regenta (1884-1885) –el personaje donjuanesco Álvaro Mesía

Ramón de Campoamor: Don Juan (pequeño poema) (1886)

Benito Pérez Galdós: Fortunata y Jacinta (1886-1887) – el personaje donjuanesco es Juan Santa Cruz

Richard Strauss: Don Juan, poema sinfónico (1888)

Jacinto Octavio Picón: Dulce y sabrosa (1891) – novela

José de Echegaray: El hijo de Don Juan (1892)

Salvador Toscano Barragán: Don Juan Tenorio (1898) – película

Enrique Menéndez Pelayo: Las noblezas de Don Juan (1900)

Eduardo Zamacois: El seductor (1902)

Henri Lavedan: Le Marquis de Priola (El marqués de Priola, 1902)

George Bernard Shaw: (El hombre y el superhombre, 1901-1903) – teatro

Ramón del Valle-Inclán: Las sonatas (1902-1905) – el Marqués de Bradomín (“un Don Juan feo, católico y sentimental”)

Joaquín Dicenta: La conversión de Mañara (1905)

Pablo Parellada: El Tenorio modernista (1906)

Ruperto Chapí: Margarita la tornera (inspirado en José Zorrilla), ópera (1906)

Guillaume Apollinaire: Les exploits d’un jeune Don Juan, novela (1907)

Albert Capellán: Don Juan (Francia, 1907) – película Blanca de los Ríos: Las hijas de Don Juan (1907)

Antonio Paso, Carlos Servet e Ildefonso Valdivia: Tenorio feminista (Parodia lírica mujeriega) (1907)

Oskar Messter: Don Juan heiratet (Alemania: Don  Juan se casa, 1909)

Gastón Leroux: Le Fantôme de l’Opéra (1910) – incluye la ópera Don Juan Triumphant, novela.

Jacinto Octavio Picón: Juanita Tenorio (1910)

Aleksandr Blok: Los pasos del comandante (1910-12)

Ricardo de Baños: Don Juan Tenorio (1910 y 1921) – película

Jacinto Grau: Don Juan de Carillana (1913), El burlador que no se burla (1927) y Don Juan en el tiempo y en el espacio (1954), ensayo.

Ott Rank: Don Juan, eine Gestalt (1914)

Eduardo Bencivenga: Don Giovanni (Italia, 1916) – película

Lajos Biró (húngaro): Las tres noches de don Juan (1917)

Serafín y Joaquín Álvarez Quintero: Don Juan, buena persona (1918)

Henri Bataille: L’Homme à la rose (El hombre de la rosa, 1920)

Edmond Rostand: La Dernière Nuit de Don Juan (La última noche de Don Juan) (1921)

Henri René Lenormand: L’Homme et ses fantômes (El hombre y sus fantasmas, 1921)

José Ortega y Gasset: Introducción a un Don Juan (1921) – en Obras Completas. Madrid: Revista de Occidente, 1961, vol. VI, pp. 121-137.

Federico García Sanchiz: Ha llegado Don Juan (Breve ensayo dramático) (1921)

Gregorio y María Martínez Sierra: Don Juan de España (1921)

José María de Granada: Si fue Don Juan andaluz (1921)

Azorín: Don Juan (1922)

Marcel Prévost: Les Don Juanes (Las don Juanes) (1922)

Marcel l’Herbier: Don Juan et Faust (Don Juan y Fausto, Francia, 1922) – película  Reinhold Schünzel: Die Drei Marien und der Herr von Marana (Las tres Marías y el señor de Mañara, Alemania, 1922)  – película Ortega Y Gasset, José: “Las dos ironías,  o Sócrates y Don Juan” (en su “El tema de nuestro tiempo”, 1923. En Obras Completas, Madrid: Revista de Occidente, vol. 3, p. 174-179).

José Bergamín: Don Juan (1923), minidrama incluido en El cohete y la estrella

Américo Castro: Don Juan en la literatura española (1924)

Azorín: Doña Inés (Historia de amor) (1925)

Eduardo Marquina y Alfonso Hernández Catá: Don Luis Mejía (1925)

Ramón Pérez de Ayala: Tigre Juan y El curandero de su honra (1925)

Juan Ignacio Luca de Tena: Las canas de Don Juan (1925)

Ramón del Valle-Inclán: El terno del difunto (1926) – esperpento

Alan Crossland: Don Juan (Estados Unidos, 1926) – película

John Francis Dillon: Don Juan’s Three Nights (Las tres noches de Don Juan, Estados Unidos, 1926)

Ramiro de Maeztu: Don Quijote, Don Juan y la Celestina. Ensayos en simpatía (1926)

Antonio Machado y Manuel Machado: Don Juan de Mañara (1927)

Francisco Villaespesa : El burlador de Sevilla (1927)

Serafín y Joaquín Álvarez Quintero: Don Juan (1927)

Jacinto Grau: El burlador que no se burla (1927)

Andreu Moragas: El señor don Juan Tenorio (1927) – película

Federico Oliver y Crespo: Han matado a Don Juan (1929)

Ramón del Valle-Inclán: Las galas del difunto (1930) – esperpento

Enrique Jardiel Poncela: Usted tiene ojos de mujer fatal (1932)

Manuel Villaverde: Carmen y Don Juan (1932)

Miguel de Unamuno: El hermano Juan o El mundo es teatro (1934)

Douglas Fairbanks: The Private Life of Don Juan, película (1934)

Alexis Korda: The Private Life of Don Juan (La vida privada de Don Juan, Gran Bretaña, 1934)

André Obey: Don Juan (1934-49)

Pedro Muñoz Seca y Pedro Pérez Fernández: La plasmatoria (1935)

Ödön von Horváth: Don Juan kommt aus dem Krieg (Don Juan regresa dela Guerra) (1936)

Federico García Lorca: Diego Corrientes (tópico andaluz en tres actos) –  esbozo de una tragedia teatral en la que el bandolero andaluz aparecía
caracterizado como auténtico Don Juan romántico

René Cardona: Don Juan Tenorio (México, 1937) – película

Sylvia Townsend Warner: After the Death of Don Juan, novela (1938)

Gregorio Marañón: Don Juan en París (1939) – un cuento

Gregorio Marañón: Don Juan. Ensayos sobre el origen de su leyenda (1940)

Paul Goodman: Don Juan or, The Continuum of the Libido, novela (1942)

Eduardo Marquina: El estudiante endiablado (1942)

Albert Camus: El mito de Sísifo (1942) – capítulo dedicado al “El donjuanismo”

Azorín: Capricho (1943)

Josef Toman: Don Juan (1944)

Juan Ignacio Luca de Tena: De lo pintado a lo vivo (1944), cuya versión revisada de 1963 llevaba el título de Don Juan de una noche

Dionisio Ridruejo: Don  Juan (1945)

Suzanne Lilar: Le Burlador, romance (1946) – reinterpreta el mito de Don Juan desde la perspectiva femenina.

Luis César Amadori: Don Juan Tenorio (Argentina, 1948) – película

Vincent Sherman: The Adventures of Don Juan (Las aventuras de Don Juan, 1948) – película

Adventures of Don Juan, película protagonizada por Errol Flynn (1949)

Salvador de Madariaga: Don Juan y la Don Juanía  (1950)

Jacinto Benavente: Ha llegado don Juan (1952)

Max Frisch: Don Juan oder die Liebe zur Geometrie y Nachträgliches zu Don Juan (1953) – Don Juan o el amor a la geometría.

Miguel Mihura: A  media luz los tres (1953)

A.Perla: Don Juan Tenorio (1953) – película

Ronald Frederick Duncan: Don Juan (1954)

Ingmar Bergman: Don Juan, teatro (1955)

John Berry: Don Juan (El amor de don Juan) (España-Francia, 1956) – película

Henry de Montherlant: Don Juan (1958)

Carlos Llopis: El amor en microsurco (1958)

Juan Mateu: Don Juan Tenorio, “El refugiao” (1958)

Roger Vailland: Monsieur Jean (1959)

Juan Antonio Bardem: Sonatas (1959) – película basa en las Sonatas de Valle-Inclán

José Bergamín: Lázaro, Don Juan y Segismundo (1959)

Ingmar Bergman: El Ojo del Diabolo, película (1960)

Gonzalo Torrente Ballester: Don Juan, novela (1963)

Alonso Millán: La vil seducción (1967)

Ramón Sender: Don Juan en la mancebía (1968)

Alfonso Paso: Por lo menos tres (1969)

Al Bradley: Los amores de don Juan (1970) – película

Roger Vadim: Don Juan ou Si Don Juan était une femme (1973) – con Brigitte Bardot en el papel de seductora.

Derek Walcott: The Joker of Seville (1974)

Tomás Aznar: Muera-Viva Don Juan (1976) – película

Joni Mitchell: “Don Juan’s Reckless Daughter”, canción y álbum (1977)

Barbara Honigmann: Don Juan (1984)

Jerónimo López Mozo: D. J. (1987)

José Ricardo Morales: Ardor con ardor se paga (1987)

Éric-Emmanuel Schmitt: La nuit de Valognes, teatro (1988)

The Pet Shop Boys song “Don Juan” (1989) – utiliza la historia como metáfora de la seducción de los Balcanes por el nazismo en los años 30.

Bert Nagel: Don Juan dementiert – novela (1989)

Antonio Mercero: Don Juan, querido fantasma (1990) – película

Georges Pichard: Exploits d’un Don Juan, comic – inspirado en Guillaume Apollinaire (1991)

González Suárez: Don Juan en los infiernos (1991) – película

“The Statue Got Me High” (1992), canción de They Might Be Giants

Vicente Molina Foix: Don Juan último (1992)

José Antonio Marina: Elogio y refutación del ingenio (1992 y 1994)

Jeremy Leven: Don Juan de Marco (EEUU, 1995) –película protagonizada por Marlon Brando y Johnny Depp en el papel de Don Juan.

José Luis Alonso de Santos: La sombra del Tenorio (1995)

David Ives: Don Juan in Chicago, comedia (1997)

Luis García Berlanga: Don Juan (1997) – película

Javier Collazo y Juan Carlos Zorzi: Don Juan (1998) – ópera

Gregory Maupin: Don Juan, A Comedy (2003)

Peter Handke: Don Juan (erzählt von ihm selbst) (2004) – Don Juan por sí mismo, novela.

José Saramago: Don Giovanni ou O Dissoluto Absolvido (2005)

Jim Jarmusch: Broken Flowers, película (2005)

Andrzej Bart: Don Juan raz jeszcze (Don Juan de nuevo), novela (2006)

Ricard Carbonell: Don Giovanni (2006) – sobre Don Juan de E.T.A. Hoffmann, película.

Joel Brees: The Don Juan Project (2006) – examen de la importancia del mito en el presente.

Patrick Marber: Don Juan in Soho, teatro (2006)

Roberto Arróniz: Tenorio, tango y tequila, poesía (2007)

Robert Menasse: Don Juan de La Mancha oder die Erziehung der Lust (Roman, 2007)

Jesús Campos García: La burladora de Sevilla y el Tenorio del siglo XXI, teatro (2008)

Daniela Sommer: Der Mythos Don Juan in Oper und Theater des 17. bis 20. Jahrhunderts. Tectum, Marburg 2008.

INTERPRETACIONES

«Es Tenorio la personificación acabada del carácter español, y singularmente del andaluz, en todo, lo que tiene de bueno y de malo, y sobre todo lo último. Lo distintivo, lo genuinamente original de nuestro carácter es, con efecto, ese desenfado y temerario arrojo, que unido a una nativa nobleza y a una  generosidad instintiva y espontánea, pero no siempre acompañado de buen sentido, ni de moralidad muy escrupulosa, puede hacer de nosotros, según los casos, Guzmanes, Tenorios o Quijotes, héroes o bandidos, nunca cobardes, villanos ni traidores. Es ese menosprecio de todo, menos de la propia estima, esa serena indiferencia ante el peligro, ese espíritu de innata rebeldía contra toda imposición, justa o injusta, legítima o ilegítima, que lo mismo puebla de héroes y de mártires los riscos de Covadonga, las trincheras de Zaragoza, los muros de Gerona y los callejones del barrio de Maravillas, que de bandidos y rebeldes las gargantas de Sierra Morena o los valles de Guipúzcoa. Es al mismo tiempo ese espíritu generoso, noble e hidalgo que imprime siempre un sello de inimitable grandeza en nuestros crímenes. Es, en suma, esa indefinible mezcla de valor sereno y temerario arrojo, de indómita ferocidad y tierna dulzura, de noble generosidad y saña terrible, de altivez romana, fiereza goda y generosidad árabe, que en las alturas del bien produce los Cides y los Guzmanes, y en las profundidades del mal los Tenorios y Corrientes; héroes los unos, bandidos los otros, pero todos valientes, generosos, hidalgos, rara vez culpables de bajeza, ruindad y felonía. Dénse a un hombre ese arrojo temerario, esa audacia inquebrantable, ese menosprecio del obstáculo y del peligro, esa aversión a toda ley y freno, esa hidalguía generosa, y si ese hombre aplica esas dotes a nobles empresas, será el Cid; pero si las emplea en torpes hazañas, será Tenorio. Y de esta manera, sobre el fondo invariable del carácter español, se dibujan igualmente la luz y la sombra de dicho carácter, pura
aquélla, criminal ésta, ambas grandes, y la personificación de esa luz es el Cid, y la de esa sombra D. Juan Tenorio».

(Manuel dela Revilla[1846-1881])

«Carlos V, Felipe II han oído a su pueblo en  confesión, y éste les ha dicho en un delirio de franqueza: «Nosotros no entendemos claramente esas preocupaciones a cuyo servicio y fomento se dedican otras razas; no queremos ser sabios, ni ser íntimamente religiosos; no queremos ser justos, y menos que nada nos pide el corazón prudencia. Sólo queremos ser grandes». Un amigo mío que visitó en Weimar a la hermana de Nietzsche, preguntó a ésta qué opinión tuvo el genial pensador sobre los españoles. La señora Förster-Nietzsche, que habla español, por haber residido en Paraguay, recordaba que un día Nietzsche dijo: «¡Los españoles! ¡He aquí hombres que han querido ser demasiado!».

Hemos querido imponer, no un ideal de virtud o de verdad, sino nuestro propio querer. Jamás la grandeza ambicionada se nos ha determinado en forma particular, como nuestro Don Juan, que amaba el amor y no logró amar a ninguna mujer, hemos querido el querer sin querer jamás ninguna cosa. Somos en la historia un estallido de voluntad ciega, difusa, brutal. La mole adusta de San Lorenzo [del Escorial] expresa acaso nuestra penuria de ideas, pero, a la vez, nuestra exuberancia de ímpetus. Parodiando la obra del doctor Palacios Rubios, podríamos definirlo como un tratado del esfuerzo puro».

[Ortega y Gasset, José: “Meditación del Escorial.” (1915). En: Obras completas. Madrid: Revista de Occidente, vol. II,  pp. 555-557]

«Si un médico habla sobre la digestión, las gentes escuchan con modestia y curiosidad. Pero si un psicólogo habla del amor, todos le oyen con desdén; mejor dicho, no le oyen, no llegan a enterarse de lo que enuncia, porque todos se creen doctores en la materia. En pocas cosas aparece tan manifiesto la estupidez habitual de las gentes. ¡Como si el amor no fuera, a la postre, un tema teórico del mismo linaje que los demás y, por tanto, hermético para quien no se acerque a él con agudos instrumentos  intelectuales! Pasa lo mismo que con Don Juan. Todo el mundo cree tener la auténtica doctrina sobre él –sobre Don Juan, el problema más recóndito, más abstruso, más agudo de nuestro tiempo. Y es que, con pocas excepciones, los hombres pueden dividirse en tres clases: los que creen ser Don Juanes, los que creen haberlo sido y los que creen haberlo podido ser, pero no quisieron. Estos últimos son los que propenden, con benemérita intención, a atacar a Don Juan y tal vez a decretar su cesantía.

Existen, pues, razones sobradas para que las cuestiones de que todo el mundo presume entender –amor y política– sean las que menos han progresado. Sólo por no escuchar las trivialidades que la gente inferior se apresura a emitir apenas se toca alguna de ellas, han preferido callar los que mejor hubieran hablado.

Conviene, pues, hacer constar que no los Don Juanes  ni los enamorados saben cosa mayor sobre Don Juan ni sobre el amor, y viceversa; sólo hablará con precisión de ambas materias quien viva a distancia de ellas, pero atento y curioso, como el astrónomo hace con el sol. Conocer las cosas no es serlas, ni serlas conocerlas. Para ver algo hay que alejarse de ello, y la separación lo convierte de realidad vivida en objeto de conocimiento».

[Ortega y Gasset, José: “Para
una psicología del hombre interesante” (1925). En: Obras completas. Madrid: Revista de Occidente, 1962, vol. IV, p. 468-469]

«La figura de Don Juan es uno de los máximos dones que ha hecho al mundo nuestra raza. No obstante, en los últimos tiempos los españoles la han desatendido y dejan que se anquilose en las guardarropías de los teatros populares. [...]

El tema “Don Juan”, oriundo de España, destinado a ser pulido y perfeccionado en manos españolas, se halla hoy en un estadio de evolución atrozmente primario si se le compara con sus otros hermanos de Occidente, Fausto y Hamlet, por ejemplo. [...]

La leyenda de Don Juan empieza por ser un ejemplo devoto en que se narra de un hombre frívolo, concupiscente e impío, que en hora tardía, sobrecogido por el castigo de una visión, se convierte y sucumbe. Al cerebro medieval que la imagina y al que la escucha, les importa sólo el castigo y la conversión, que eran la faena divina. Todo lo antecedente, la vida de Don Juan y su carácter, es para ellos despreciable, un valor negativo, frivolidad, pecado, concupiscencia.

Quisiera buscar otro Don Juan que el de Zorrilla, porque éste, psicológicamente, me parece un mascarón de proa, un figurón de feria, pródigo en ademanes chulescos y petulantes que sólo pueden complacer a  la plebe suburbana. [...] Sin embargo, el espíritu universal se ha comportado con él muy de otro modo. Desde que su leyenda se forma no hay pueblo, no hay época literaria, no hay pensador genial, gran poeta, músico excelso que no se haya creído obligado a enfrontarse con nuestro mal afamado compatriota. [...]
Es más, puede decirse que él representa uno de los pocos temas cardinales del arte universal que la Edad Moderna ha logrado inventar y añadir al sagrado tesoro de la herencia grecolatina.

Es, pues, Don Juan un símbolo esencial e insustituibles de ciertas angustias radicales que al hombre acongojan, una categoría inmarcesible de la estética y un mito del alma humana. Junto a Hércules y Elena, junto a Hamlet y Fausto, en el espléndido zodíaco de nuestros afanes, ocupa Don Juan un cuadrante e irradia perennemente en la noche del alma su patético reflejo estelar, una palpitación conmovedora de gentileza y desesperación.

No hay leyenda más española. Como nuestro corazón nacional, está hecha de puros contrastes, y el alma anónima que la ha imaginado parece haberse complacido uniendo en ella todos los extremos. No olvidemos que Cervantes, hacia el fin de su libro, cuando ya no sabe qué nuevos adjetivos aplicar a Don Quijote, le llama Don Quijote el Extremado. Los españoles solemos ser así: o extremados, o nada.

Por eso en esta leyenda hay escenas de mediodía y de medianoche, virginidad y pecado, carne moza y masa cadáver, orgía y cementerio, beso y puñal. Al drama humano asisten cielo, infierno y purgatorio, que, como espectadores de una corrida de toros, no logran contenerse y acaban por tomar parte en la función.

Mas sobre todo esto flota una gracia que me parece específicamente sevillana; si la leyenda hubiese sido forjada en nuestra Castilla habría en ella no sé qué de áspero y tremebundo, más granito que rosas y más estocadas que fiestas.

Pero la extremada leyenda ha sido ungida en la dulce y gentil embriaguez de Sevilla, y merced a ello, este cuento terrible de amor y de muerte va suavizado, transfigurado con un aire festival y encantado de ensueño y danza. La leyenda de Don Juan ha dado la vuelta al mundo cargada de todas las fragancias y de todo el barroquismo de un Carnaval sevillano, como las viejas naos levantinas volvían de Ceilán cargadas de especias. [...]

Cuando se hace balance resumido de la literatura donjuanesca, dos hechos parecen sobre todo destacarse, quedando frente a frente. Uno es el atractivo, el garbo de la fisonomía de Don Juan al través de sus equívocas andanzas. Otro es que casi todos los que han hablado de él han hablado mal. Esta contradicción entre la gracia vital del personaje y la acritud de sus intérpretes constituye, por sí sola, un problema psicológico de alto rango. [...] Don Juan ha tenido siempre “mala prensa”. Esto debe bastar para que sospechemos en él las más selectas calidades. Las masas humanas propenden a odiar las cosas egregias cuando no coinciden casualmente con su utilidad; pero en siglos como los dos últimos, dominados por la opinión pública, ha llegado a ser distintivo de todo lo excelente el rencor que en el vulgo provoca.

Don Juan parece imaginado expresamente para irritar a la opinión pública, y ha de costarme gran trabajo convencer de su magnanimidad a los envidiosos. [...]

La figura de Don Juan ha sufrido como ninguna el resentimiento de los malogrados. Los hombres le hemos envidiado siempre y las mujeres no se han atrevido a defenderle, porque ello equivaldría a revelar el secreto profesional de la feminidad. [...] Miremos a Don Juan desde Don Juan, y
no en su proyección sobre el alma de las viejas de barrio que escuchan en la plazuela la historia de sus trastadas.

Ante todo, Don Juan no es un sensual egoísta. Síntoma inequívoco de ello es que Don Juan lleva siempre su vida en la palma de la mano, pronto a darla. Declaro que no conozco otro rasgo más certero para distinguir un hombre moral de un hombre frívolo que el ser capaz o no de dar su vida por algo. Este esfuerzo, en el que el hombre se toma a sí mismo en peso todo entero y se apresta a lanzar su existencia allende la muerte es lo que de un hombre hace un héroe. Esta vida que hace entrega de sí misma, que se supera  y vence a sí misma, es el sacrificio –incompatible con el egoísmo.

No ha visto el verdadero Don Juan quien no ve junto a su bello perfil de galán andaluz la trágica silueta de la muerte, que le acompaña por dondequiera, que es su dramática sombra. Es la muerte el fondo esencial de la vida de Don Juan, contrapunto y resonancia de su aparente jovialidad, miel que sazona su alegría. Yo diría que es su suprema conquista, la amiga más fiel que pisa siempre en su huella. De modo parejo, cuando hacemos camino nocturno la luna, mundo muerto, esqueleto de estrella, paso a paso nos acompaña y apoya en nuestro hombre su pálida amistad.

La leyenda de Don Juan, más bien que una broma, es un terrible drama. La inminencia constante de la muerte consagra sus aventuras, dándoles una fibra de moralidad, y presta a sus horas como una vibración peligrosa de espadas.

Así empieza a dibujarse claramente la trascendencia simbólica de este ilustre calavera.

El hombre animoso está dispuesto a dar su vida por algo. Mas ¿por qué? ¡Paradójica naturaleza la nuestra! El hombre está dispuesto a derramar su vida precisamente por algo que sea capaz de llenarla. Esto es lo que llamamos ideal. [...]

La historia nos presenta en su amplísimo panorama la peregrinación de nuestra especie por el vasto repertorio de los ideales y certifica que fueron, a la vez, encantadores e insuficientes. ¿No es cierto que la historia toda, mirada bajo cierto sesgo, adopta una actitud donjuanesca».

[José Ortega y Gasset: Introducción a un Don Juan (1921) – en Obras Completas. Madrid: Revista de Occidente, 1961, vol. VI, pp. 121-137]

«El tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo. Dentro de pocos años parecerá absurdo que se haya exigido a la vida ponerse al servicio de la cultura. La misión del tiempo nuevo es precisamente convertir la relación y mostrar que es la cultura, la razón, el arte, la ética quienes han de servir a la vida. Nuestra actitud contiene, pues, una nueva ironía, de signo inverso a la socrática. Mientras Sócrates desconfiaba de lo espontáneo y lo miraba al través de las normas racionales, el hombre del presente desconfía de la razón y la juzga al través de la espontaneidad. Ha llegado irremisiblemente la hora en que la vida va a presentar sus exigencias a la cultura. “Todo lo que hoy llamamos cultura, educación, civilización, tendrá que comparecer un día ante el juez infalible Dyonisos” –decía proféticamente Nietzsche en una de sus obras primerizas.

Tal es la ironía irrespetuosa de Don Juan, figura equívoca que nuestro tiempo va afinando, puliendo, hasta dotarla de un sentido preciso. Don Juan se revuelve contra  la moral, porque la moral se había antes sublevado contra la vida. Sólo cuando exista una ética que cuente, como su norma primera, con la plenitud vital, podrá Don Juan someterse. Pero eso significa una nueva cultura: la cultura biológica. La razón pura tiene que ceder su imperio a la razón vital.»

[Ortega Y Gasset, José: “Las dos ironías,  o Sócrates y Don Juan” (en su “El tema de nuestro tiempo”, 1923. En Obras Completas, Madrid: Revista de Occidente, vol. 3, p. 178]

«A diferencia del hombre antiguo, que hereda un saber arcano en forma de mitos y lo enriquece pródigamente, el hombre medieval y el hombre moderno sólo han sabido crear cuatro figuras míticas originales: Fausto, Hamlet, Don Quijote y Don Juan. Dos han nacido en España y de ellas la última, Don Juan, es quien mejor merece el nombre de mito moderno. Es evidente que los dramaturgos, los poetas, los filósofos y hasta los médicos que se han ocupado de Don Juan no crean esta figura prototípica, sino que la prohíjan, sometiéndola a diversas interpretaciones. Antes que ellos la inventaran, la figura del burlador ha surgido de un misterio del alma colectiva, razón por la cual ésta le reconoce alborozada y le presta su adhesión una vez que, unos tras otros, dramaturgo, poetas, músicos y filósofos vuelven a presentársela con variados disfraces.

Se puede trivializar el mito de Don Juan, y es lo que se hace cuando vemos en él –como generalmente ocurre– al conquistador, una especie de figura masculina ideal, la del hombre que por su fortuna, por su gallardía o sencillamente por su habilidad técnica conquista a las mujeres. Mas también se puede ver en él un mito trascendente, por ejemplo, el del hombre que lucha contra Dios, que le resiste y trata de vencerle. Es decir, un mito prometeico.

Los mitos –por eso lo son, por condensarse en ellos el misterio– jamás agotan su significado y cuando muestran con engañosa claridad una de sus caras debemos estar ciertos de que es entonces cuando más se esquivan. Así ha sucedido con el mito de Edipo, nunca probablemente peor comprendido como tras la vulgarización aterradora que experimenta en nuestra época con el psicoanálisis. Si el Don Juan trivial se nos presenta con el antifaz rosa del hombre que con garbosa facilidad conquista a las mujeres, el Don Juan trascendente se nos aparece, en cambio, con la negra y misteriosa máscara del hombre que las seduce, con el aspecto ambiguo, arlequinado de tinieblas y de luces, del seductor.

Entre las muchas metempsicosisque por el mundo ha ido adoptando el mito de Don Juan hay una, septentrional, poco difundida por el mundo latino, la que experimenta gracias al genio de un filósofo melancólico, feo y corcovado que solía pasear sus murrias por los muelles de Copenhague hacia mediados del pasado siglo. Con el correr de los tiempos este filósofo hosco, de estilo centelleante, de soberbia expresividad en su frase siempre apasionada, ejercerá insólita influencia sobre la mentalidad de las gentes. Por cauces subterráneos o manifiestos alimenta gran parte de la filosofía contemporánea. Pero aun hoy son bastantes los que ignoran que la obra de este filósofo, de Kierkegaard, despliega su corola metafísica a partir de un botón juvenil, el Entweder-Oder, en el que va engastada, como en el Quijote la novela de El curioso impertinente, una obrita clave: el llamado Diario de un seductor. Un crítico alemán, Rehm Kierkegaard und der Verführer, Múnich, 1949), ha demostrado cómoesta idea del seductor, que fascina a Kierkegaard, el corcovado, en el mismo momento en que éste decide romper su enamoramiento con Regina Olsen (según él mismo declara, para no abrumar la vida de su futura esposa con su incurable melancolía), es una llave secreta que permite abrir el alma del filósofo y esclarecer su obra.

Al renunciar heroicamente a su amorosa enajenación es menester reconocer que Kierkegaard ha logrado, cuando menos, uno de sus objetivos: inmortalizar a su amada. Este metafísico Don Juan, que renuncia al amor, hace así pasar a esa gris muchachita danesa que era probablemente Regina al empíreo de las Doñas Ineses y Doñas Elviras, la vuelve mítica y famosa. Pero a pesar de su sacrificio quédale ardiendo por dentro, disfrazada de demoníaca dialéctica, su alma de seductor insatisfecho.

Nadie ha expuesto de manera más diáfana y más ruda el problema del hombre a partir de la decisión amorosa que Kierkegaard».

[Juan Rof Carballo: Entre el silencio y la palabra. Madrid: Aguilar, 1960, p. 119-121]

«El nacimiento de Don Juan Tenorio sigue siendo uno de los mayores misterios de la literatura española. El burlador de Sevilla, la obra en que aparece por primera vez el personaje más traído y llevado del teatro europeo, nos ha llegado sólo en una edición pirata de hacia 1627, de texto muy estropeado y donde sin ninguna garantía se atribuye a Tirso de Molina. Otra versión del mismo argumento, titulada Tan largo me lo fiáis, se publicó en cambio, y todavía más arbitrariamente, bajo el nombre de Calderón de la Barca.

¿Tuvo Don Juan una existencia folclórica o literaria antes de El burlador? ¿Lo utilizó su creador para tomar partido en las polémicas teológicas de la época o ante cuestiones de actualidad como la prohibición de los burdeles en 1923? ¿Fue en España o en Italia donde adquirió la fama que lo ha convertido en uno de los grandes mitos de la literatura universal?

Don Juan es un actor, un seductor nato que cambia de cara con cada mujer que se encuentra. Convierte la vida en un teatro. Es un señorito cabrón que busca gozar de las mujeres y hacerlas daño, dejarlas sin honor. Un hijo de la situación que ya no guerrea, que sólo quiere divertirse, que se ríe de las enfermedades venéreas, tan frecuentes entonces, y de las leyes del matrimonio. Desde Tirso a Mozart, la gran mayoría de los autores que retoman el mito lo condenan y, aun así, en el imaginario popular sigue siendo un héroe. De ahí, quizá, la inmensa fortuna del Don Juan de Zorrilla, que lo redime, lo convierte en ese supermacho latino que logra que todas las mujeres sean putas, menos la suya; Doña Inés, esa santa.» (Francisco Rico)

«Y arranca la brillante carrera de Don Juan por el imaginario europeo.  No habrá giro de la sensibilidad artística que no busque reflejarse en el espejo del mito donjuanesco. Molière y Da Ponte-Mozart ensayarán sus posibilidades como cifra del deseo libertino, del seductor cuantitativo, si se me permite la expresión. Cuando el romanticismo ponga en primer plano de la vida el sentimiento veremos que Don Juan cae en desgracia frente a los nuevos héroes del día: ante Tristán, el amor genuino del caballero cristiano, o ante Werther, el amor adolescente, implacable e impaciente, Don Juan aparece como un rufián salteador de alcobas, un individuo carente de pasión.

El  romanticismo no tiene ante Don Juan sino estas dos opciones: o, como se ha dicho, lo condena por encontrarlo un amante falso y ruin -es el caso de Stendhal: «Don Juan reduce el amor a un negocio vulgar», sólo seduce a mujeres «carentes de elevación de alma»-; o lo salva, transfigurándolo en un namorado capaz de conocer la auténtica pasión amorosa. Es el camino que prefiere Zorrilla. Pero la «salvación» de Don Juan por el amor de Doña Inés aniquila en el personaje su dimensión trágica, tan soberbiamente captada por Tirso en el Burlador que da puñadas a la muerte: «Con la daga he de matarte», amenaza Don Juan a la estatua del Comendador … «Mas ¡ay! que me canso en vano de tirar golpes al aire». Esta dimensión trágica ya no volverá a aflorar nunca, con la excepción, acaso, de algunas frases musicales de la obertura y de la escena final del Don Giovanni de Mozart. Desde el barroco al romanticismo, el destino de Don Juan es el de «humanizarse» y es nuestro Zorrilla quien mejor ha comprendido esta necesidad interna del personaje.

Pero no podrá evitar la paradoja: al «salvar» a Don Juan mata lo que en él hay de fuerza mítica: su orgullo satánico, su sensualidad infinita, su rebeldía absurda y su desprecio de la muerte. Don Juan se humaniza convirtiéndose en hombre enamorado. Eso explica la proximidad del arquetipo al gusto popular,
pues su vivencia del amor se vuelve afín al común de los mortales: goza, peca, sufre, se arrepiente, se salva. De ahí el éxito cíclico -como el otoño o el carnaval- del Tenorio de Zorrilla en los escenarios españoles. Las almas sencillas vuelven a casa paladeando la dulce confitura del «amor eterno». El gesto demoníaco de Don Juan se congela por obra de la piedad de la pura Doña Inés. Transformación del oscuro deseo el luminoso amor como sólo puede serlo un ideal o una estrella. Y la muerte eterna a la que estaba destinado el Don Juan barroco se sublima en perdón. Como señaló Ramiro de Maeztu en su ensayo sobre Don Quijote, Don Juan y la Celestina, con el Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, comenzó a decaer el mito y surge el drama de Don Juan. O dicho de otra manera:
Don Juan pierde su configuración eterna y penetra dentro del tiempo humano. Una vez muerto Don Juan como mito nos queda su encarnadura histórica.

Será de Baudelaire la genialidad de escribir el epitafio del Don Juan mítico en un espléndido soneto de Las flores del mal y, al mismo tiempo, intuir el porvenir del personaje. En efecto, como «motivo literario», Don Juan sólo tolerará aproximaciones distanciadas, irónicas. Una de estas aproximaciones la inicia el propio Baudelaire en un proyecto teatral que no llegó a ejecutar. En él imagina la vejez de Don Juan, un Don Juan escéptico, desengañado y melancólico que vive con su hijo, muchacho «educado por su padre y podrido de vicios y de amabilidad» (Torrente Ballester. Ensayos críticos. Destino, Barcelona.Página 309).

La segunda perspectiva de aproximación reside en la conversión de Don Juan en «idea», en objeto cultural. La distancia del análisis convierte a Don Juan en
materia de investigación, como los números imaginarios, las manchas negras de las estrellas o la decadencia del Imperio Romano. De Kierkegaard a Ernst Bloch, pasando por Ortega y Gasset y Camus, Don Juan se ha constituido en objeto de estudio sobre el que han caído filósofos e historiadores, psiquiatras y
psicoanalistas, y, naturalmente, críticos literarios.

El enérgico renacimiento de Don Juan en el siglo XX -en rigor, en las postrimerías del XIX- se produce bajo el esquema que acabamos de exponer y dentro de la tradición cultural española es ejemplar la precisión con que se despliega. La generación finisecular -o del 98-retomará el motivo de Don Juan bajo la estela «modernista» inaugurada por Baudelaire. El Marqués de Bradomín de Valle-Inclán o el Don Juan de Azorín constituyen aproximaciones puramente literarias en las que nada queda del Burlador barroco.

Don Juan ha envejecido … Vive con el recuerdo de sus fechorías, se conforma con placeres sencillos, siente nostalgia y pacta con sus demonios interiores. (Nada irreparable parece haber en el pasado de estos Don Juan «feos, católicos y sentimentales», para servirnos de la famosa descripción que Valle dio de su Marqués de Bradomín).

Y será la generación del catorce la que prefiera el enfoque teórico del mito. Unamuno, a caballo entre la recreación literaria del personaje en su Hermano Juan y sus reflexiones filosóficas sobre el mismo, sirve de codo de unión entre los planteamientos de ambas generaciones. Marañón dilucidará la psicología del personaje y Ortega desde un temprano ensayo escrito en 1917, Muerte y resurrección, desarrollará una teoría del ideal -ético y estético- en la que Don Juan servirá como modelo de «héroe de nuestro tiempo». Esto así dicho puede resultar misterioso o caprichoso pero el espacio de un artículo no permite exponer las muy complejas cuestiones que Ortega planteó recreando el mito de Don Juan. Baste recordar que si Unamuno esperaba de un encuentro entre Don Quijote y Don Juan la página más luminosa sobre la literatura española, Ortega vislumbra en la confrontación entre Sócrates y Don Juan -recuérdese el capítulo VI de El tema de nuestro tiempo- nada menos que la revelación de una nueva filosofía.

¿Tendrá algo que decirnos la esquiva figura de Don Juan en este otro fin de siglo que está a punto de inventar el eros virtual, el eros sin la carne?».

[José Lasaga Medina: “Don Juan, ante el milenio”, en El País – 13 de marzo de 1998 - Nº 679]

Esta entrada fue publicada en Sin categoría.

2 comentarios el “Café 23: Donjuanismo, ¿patología o virtud?

  1. Esther dice:

    ¿Sería Marilyn Monroe -y todas las copias más o menos exitosas nacidas del mito- el prototipo del Don Juan femenino?

  2. lourdes dice:

    tengo 45 y pense que habia vivido conoci a una persona de 56 anos la que movilizo todo mi cuerpo y habri mi corazon estuvimos saliendo durante 5 mese voy a un luga rporque mi trabajo es rotativo y el es vendedor…y la encargada me cuenta que esta saliendo con un vendedor de 56 añosss……vaya sorpresA Q que es la misma persona …oviamente le pedi esplicaciones y se reia quic verlo y no tenia tiempo despues conmigo no c comunico mas…. y a ella le mando un correo diciendoles que entre ella y yo la relacion conmigo fue insignificante y a ella la quiere………….yo me senti dolidA porque le dio el poder a otra mujer para desvalorizarme como persona…..ella opto por seguir con el…………..yo intento fortalecerme pero en algun momento lo voy a volver a cruzar…………..como reacciono???? quiero fortalecermee no voy a caer….como me puden ayudar………….leei todo lo relacionoado que escribieron sobre el donjuanismo y es tal cual…………..lo bloquee x el face en el tel y por donde estaba en mis contactos………………….en mi ser quedaron cosass muy fuertes vividas con el,,,pero quiero dar vuelta la pagina

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