Café 24. Intimidad y Redes Sociales

A continuación, se reproduce la ponencia que Antonio Carlos Martín, psicólogo clínico, expuso durante el último café filosófico, celebrado el pasado 27 de noviembre.

¿Qué pasa con la intimidad en las redes sociales?

La pregunta es de lo más oportuna, porque creo que a todos nos convoca a la confusión la unión de estos dos conceptos, y no hay mejor forma de emprender un debate que partiendo de la confusión. Eso nos va a estimular:

  • Intimidad, por su propia esencia se refiere a lo que está dentro de una persona, lo más profundo, es decir, en la antítesis de lo público.
  • Redes sociales nos evoca necesariamente (por la conjunción de ambos términos –social y red-) el despliegue de un comportamiento mediante el cual se pone en común (es decir en público) algo de lo personal de cada uno; y se hace mediante estrategias de la extensión en forma de redes, que quizás sea una de las fórmulas con las que menos controlamos hacia dónde va a discurrir en un futuro la información que estamos exponiendo de nosotros mismos.

Lo que desde la psicología humana (al margen del fenómeno social) podríamos analizar de este comportamiento contradictorio es un abanico muy amplio; porque no podemos olvidar que detrás de un movimiento social hay cientos de miles de psicología individuales que se movilizan en un mismo sentido. Por eso podríamos hablar de:

  • las causas más profundas e inconscientes por las que una persona decide exponer en público sus intimidades,
  • los fenómenos psicológicos que se producen en la persona que lo practica,
  • las consecuencias

o  unas en el ámbito de lo saludable (lo que facilitan las redes sociales en el campo de la comunicación bien aplicada o bien entendida)

o  y otras en el ámbito de la patología, aunque aquí habría que tener en cuenta las peculiaridades individuales, para poder diferenciar

o  el riesgo de adicción en un porcentaje de la población que utiliza las redes sociales,

o  etc.

Como hay que elegir por imperativo del tiempo con el que contamos, yo señalaría para el debate de hoy algunos de los factores que atraen y animan individualmente a incluirse en las redes sociales, precisamente porque corresponden a determinados anhelos universales del ser humano:

1.     Necesidad de sobrepasar los límites (todos tenemos un problema que es la incompatibilidad entre nuestros deseos y las limitaciones que nos impiden  satisfacerlos).  Este problema  es  origen  de  frustraciones,  traumas, patologías, etc. Sin embargo, con la participación en las redes sociales se despliega un grado de omnipotencia, ya que:

o  podemos llegar a muchísima gente con la fantasía de ser populares

o  poder estar virtualmente en varios lugares a la vez y con varias personas a la vez

o podemos ver a todos nuestros amigos mientras estamos sentados en casa.

o Podemos, podemos, podemos… Si reflexionamos sobre ello y nos abstraemos de lo que son logros actuales de la técnica, parecería algo mágico; y lo mágico es el paradigma de la omnipotencia. (como ocurre con los niños en su creencia de los Reyes Magos)

2.      Búsqueda de afectos imaginarios (sin condiciones), que emanan de mucha gente y que yo puedo también imaginariamente desplegar hacia muchas personas, sin jugarme en grandes compromisos, solo con estar en la red.

o Recibimos cada día invitaciones a participar en una red social con frases como “un amigo tuyo desea compartir contigo a sus amigos”. Es decir que nos ofrece la amistad (una forma de amor) prácticamente a cambio de nada.

3.      Nos abre la posibilidad de jugar en el eje exhibicionismo/voyerismo, uno de los ejes de nuestro narcisismo más reprimidos.

o Podemos mostrar nuestras intimidades, a determinados niveles más o menos profundos, dependiendo de la impulsividad o el autocontrol de cada persona.

o Nos da la posibilidad de ampliar el famoso ojo de la cerradura, típico de la imagen del voyerista mirando a través del mismo, para hacerlo a través de la pantalla de nuestro ordenador.

4.      El poder mostrarme en unos parámetros de ideal del yo, es decir, no tanto como la persona que soy, sino como la que desearía ser, la persona que fantaseo podría ser.

o Por eso, cuando se dice “hay que introducir el perfil”, deberíamos preguntarnos, pero ¿qué perfil? La utilización del photoshop para mejorar la imagen física de las fotografías que se cuelga de forma más atractivas y se ocultan determinados aspectos de nuestra personalidad con los que no estamos tan satisfechos.

o  Y no hablamos ya de aquellos que se inscriben en diferentes redes exponiendo en cada una de ellas un perfil diferente, incluso, gracias al anonimato, cambiando el sexo.

5.      La red social es un espejo donde nos vemos reflejados en clave de aceptación y aprobación de los demás, sobre lo que les presentamos de nosotros mismos.

o Y eso nos remite, como otras muchas cosas, a etapas fundadoras de nuestra organización psíquica como seres humanos. La mirada especular es un término muy utilizado en la teoría y en la práctica clínica psicoanalítica.

o El reconocimiento de la mirada de los otros sobre nosotros fue, en primer lugar, un elemento originario de nuestra identidad (si el otro me mira, entonces yo soy, existo) Sería el equivalente psicológico al axioma filosófico del “pienso luego existo” de Descartes”. En este caso sería “me miran, luego existo”. En este sentido, podríamos analizar todo lo que conlleva la mirada de la madre sobre el bebé como origen de la estructuración de nuestro psiquismo; pero también las miradas de los enamorados, por ejemplo, forman parte de este proceso en etapas más avanzadas de nuestra vida.

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