Café 54. Ecologismo: ¿engaño o solución?

Domingo 25 de octubre de 2015, 18:00h.

Café Libertad 8 (Barrio de Chueca, en la misma calle Libertad, nº 8. Metro Chueca, Gran Vía o Banco de España). Comenzamos puntualmente a las 18:00h., por lo que os invitamos a venir con anticipación.

cafe ecologismoEl moderador, y los ponentes Juan Ramón Silva, Mario Rodríguez y Jose Antonio Corraliza, en un momento del apasionante debate.

Durante miles de años la metáfora que ha reflejado la relación entre la naturaleza y el hombre ha sido la de una madre todopoderosa e infinita que cuida, nutre y en ocasiones castiga a sus criaturas, en especial al ser humano. Sin embargo, con la modernidad, y especialmente con la revolución industrial, la naturaleza empezó a ser vista como recurso, puro medio necesario para la emancipación material de la humanidad (algunos ven el origen de tal actitud en el predominio de las religiones uránicas de corte patriarcal, especialmente la judeo-cristiana). El humanismo antropocéntrico justificaba tal actitud. Como resultado la naturaleza no solo ha sido explotada sino también manipulada (ingeniería genética, atómica, etc.) bajo todo tipo de intereses (comerciales, políticos, sanitarios, etc.). No obstante, el grado de desarrollo y bienestar alcanzado se debe a esta explotación y manipulación del entorno.

Con la Segunda Guerra Mundial se cruzó una línea roja que despertó muchas conciencias. Se hizo patente que con el desarrollo tecnológico alcanzado la humanidad era capaz de destruir la casa común que in illo tempore fue vista como inagotable, indestructible, como un refugio seguro a la vez que como una constante amenaza. Entonces emergió la necesidad de crear una nueva metáfora que expresara nuestra relación con la Tierra. En la nueva imagen la naturaleza adquirirá el rol de hija y la humanidad de un padre que tiene que hacerse responsable de algo frágil. Las primeras fotos hechas a la Tierra desde el espacio potenciaron esta metáfora. Es en este tiempo cuando las éticas de la responsabilidad (centradas, más que en la adecuación entre el acto y el deber, en las consecuencias de nuestros actos) se desarrollaron con fuerza. El problema y origen de muchos debates es que las consecuencias nunca son conocidas del todo. Esa indeterminación permite analizar los actos desde los extremos del pánico y la despreocupación.

Sin embargo, pese a esta nueva conciencia ecológica recién inagurada, el sistema económico de producción y consumo no ha dejado de potenciarse, y ha buscado soluciones muy poco ecológicas a sus cíclicas crisis económicas, como es la obsolescencia programada, los productos de usar y tirar, etc. Tampoco ha dejado de crecer el número de habitantes en la Tierra, lo que unido al desarrollo del capitalismo y al consiguiente incremento del consumo ha hecho que el debate actual no se centre tanto en la posibilidad de que destruyamos la Tierra con nuestras armas (que también), sino que nuestras formas de vida no sean compatibles a medio y largo plazo con una Tierra habitable. Ante esta crítica situación podemos tomar varias posiciones y plantearnos lo siguiente:

1º) Confiar que el sistema capitalista actual pueda auto-regularse sin necesidad de un mayor intervencionismo de los poderes públicos, ya que: la tecnología irá solventando los problemas ecológicos haciendo el sistema sostenible, o bien no hay que alarmarse porque no está demostrado (la ciencia es incapaz de hacerlo) que esté cambiando el clima o que se deba a la acción del hombre. Ahora bien, ¿hasta qué punto los actuales modelos económicos contemplan (o ignoran) el medio ambiente? ¿Es responsable confiar en que las generaciones futuras resolverán un problema que tal vez nosotros hemos hecho irreversible? Si es cierto que la ciencia no puede determinar las consecuencias de nuestros actos, ¿no sería más prudente sopesar posibilidades y elegir la que menos ponga en peligro la vida futura?

2º) Los movimientos ecologistas se están convirtiendo su discurso en la nueva mitología, en una ideología dogmática que pretende trasladar el debate del ámbito científico -que es donde debería estar- al ámbito ideológico, donde no cabría debate posible, sino confrontación entre lo bueno y lo malo. El hecho es que muchos de los principios de los ecologistas son presentados como verdades científicas indiscutibles, cuando la ciencia, por su limitación metodológica, no puede defender nada categóricamente. Esta actitud nos lleva a la sospecha de que solo las investigaciones que siguen el “catecismo ecologista” son subvencionadas y publicitadas. Pero, por contrapartida, ¿no es también sospechoso que los que atacan el ecologismo tengan intereses comerciales?, ¿cómo vamos a circunscribir el debate al ámbito científico, si las soluciones han de surgir de decisiones políticas?

3º) El sistema actual puede y debe ser reformado desde dentro, sin revoluciones. Las reformas legales ecologistas (reciclaje, potenciación de medios de transporte y producción menos contaminantes, defensa de las especies en extinción, etc.) fruto de un consenso global serán suficientes para salvar las crisis ecológicas. Pero, ¿es sostenible nuestro sistema de vida basado en el constante consumo?, ¿es compatible una vida digna (para siete mil millones de habitantes) y la ecología?, ¿cómo?

4º) El sistema actual ha de ser reformado radicalmente, volver a resacralizar la naturaleza, abandonar el proyecto moderno que nos ha situado al borde del abismo y vincularnos a la naturaleza potenciando un cambio radical de formas de vida. Ahora bien, ¿qué soluciones concretas se plantean?, ¿son viables?, ¿no implicarían una agresiva intromisión en la libertad personal (p.ej., obligatoriedad del vegetarianismo)?, ¿qué deberes éticos tenemos con el resto de seres vivos?, ¿qué movilizaría el cambio: el miedo, la responsabilidad, la utopía?

 

Ponentes

Para abordar este apasionante debate, tenemos la fortuna de contar con tres excepcionales ponentes (por orden alfabético):

José Antonio Corraliza Rodríguez: Doctor en Psicología y catedrático de Psicología Ambiental de la Universidad Autónoma de Madrid.

Mario Rodríguez Vargas: Director ejecutivo de Greenpeace España desde 2012. Físico, especializado en astrofísica, y con una dilatada experiencia en el medio ambiente.

Juan Ramón Silva: Director General de Área de Sostenibilidad de Acciona desde 2010. Ha sido también Director General del Área de Marketing Corporativo y Comunicación Interna;  previamente ejerció el cargo de Director de Responsabilidad Corporativa.

 

Modera

Gabriel Almazán

 

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