Café 66. Postinformación. ¿Tiene aún algún valor la verdad?

Domingo 26 de marzo de 2017, 18:00h.

Café Libertad 8 (Barrio de Chueca, en la misma calle Libertad, nº 8. Metro Chueca, Gran Vía o Banco de España).

Comenzamos puntualmente a las 18:00 h. y el aforo máximo se alcanza con rapidez, por lo que os invitamos a venir con al menos 20 minutos de anticipación.

Vivimos inmersos en información. Bombardeados por multitud de medios. Prensa escrita, radio, televisión, los medios en internet…, con una variedad asombrosa. Noticias e interpretaciones para todos los gustos. Ya lo sabemos. Dese hace tiempo. Pero el entorno digital, en su frenético avance, ha cambiado todo esto.

También, desde no hace tanto, se vive la noticia de otro modo. El teléfono móvil, el teléfono inteligente, que se ha vuelto nuestro compañero inseparable, alimenta este bombardeo. Más allá de la frescura de internet, han surgido nuevos modos de acceso a la noticia. Facebook, Twitter, Google…, que administran contenidos y redes sociales, también se convierten en administradores de la noticia.

Y, lo que es más importante, también ha surgido un nuevo modo de crear la noticia. Los propios usuarios pueden difundir todo tipo de contenido: foros, interacción con los medios digitales, Facebook, Twitter y sus “trending topics”… Una efervescencia asombrosa de fuentes, de respuesta instantánea. Un diálogo compartido por todos. Nunca se ha tenido tanto acceso a la información. Se ha democratizado el acceso a la información, pero, lo que es más notable, también la generación de la propia información, podría aclamarse. El verdadero valor de la participación ciudadana…

Pero ¿estamos seguros? ¿Cuánta desinformación genera todo este ruido? ¿Cuánta información se difunde sin el necesario rigor? Es más, ¿a qué llamamos información? ¿Cuánta manipulación sufre la información, intervenida con la necesaria interpretación y la propia selección de la noticia? ¿Esta intervención en la noticia, no es siempre una distorsión?

Por tanto, ante tal océano de fuentes, el ciudadano, el consumidor, debemos decir, elige la intervención que más le place. ¿Acaso quiere conocer el público la verdad? ¿O prefiere alimentar una determinada construcción personalizada de la realidad?

¿Quién decide qué es noticia, y cómo se cuenta? ¿Y quién decide, entre tanto ruido, qué es importante para cada lector? Más allá del estilo propio y reconocible de los grandes medios, los nuevos administradores de la información (los mencionados Facebook, Twitter, Google…) ofrecen algoritmos estimulando al lector con noticias filtradas por sus afinidades de lectura. Eso hace más difícil el acceso a la información plural o neutral (si es que tal concepto existe).

Y aún más, ¿qué hay de verdad detrás de todo este ruido? ¿Y cuál es el valor de la verdad, es decir, su precio? (Sin pecar de necio.) La noticia, hoy más que nunca, parece ser mercancía. En todo este ruido, de acceso gratuito en gran medida, impera la tiranía del tráfico. Más tráfico, más clicks, más ingresos por publicidad. ¿Los medios compiten siendo veraces? ¿Cómo se sazona la información para su consumo?

Y entre tanto ruido, ¿qué reflexión de calado acompaña a la noticia? No ya que se produzca, la reflexión, hay loables esfuerzos desde múltiples medios. La cuestión es también si esta reflexión se consume. El público, desbordado, por la propia información y por las otras fuentes de comunicación digitales (correo electrónico, Whatsapp, Facebook, Twitter…), parece contentarse con titulares. Somos seres adictos a la información, pero parece primar más la cantidad que la calidad.

En este nuevo ecosistema, los titulares corren como la pólvora. Y al abrigo de esa generación democratizada de noticias, cualquier declaración tiene un inmenso impacto, antes de ser contrastada. Una replicación explosiva, lejos del control de los medios tradicionales.

Y acá tenemos el fenómeno apodado como posverdad, tan de moda. Prima la estimulación masiva de las creencias y emociones del público, sin someterse al aburrido rigor de la veracidad. Pero ¿no es el propio público el que permite que esto sea así? ¿Es que no debemos apelar al consumo responsable? Quizá todo esto no sea más que el reflejo de la tendencia natural de la naturaleza humana al rumor, al chismorreo, ahora dotado de las más potentes alas.

Así las cosas, el periodismo adolece de desprestigio, tristemente, alimentado por populismos, también. La depreciación de la información, en la zozobra de la transición de modelo de negocio de la prensa tradicional, provoca precariedad en la profesión, y también falta de independencia, autocensura, como acusa la propia Asociación de la Prensa de Madrid. La competencia por el control de la información, en este río revuelto, provoca importantes desajustes.

Esta revolución en tránsito, ¿es para bien o para mal? ¿Siguen siendo hoy los medios el cuarto poder, o la intervención directa del público ha difuminado ese poder? ¿Es más democrática la información de hoy?

Ponentes

Javier Gallego. Periodista y músico. Director de Carne Cruda, radio independiente sostenida con crowdfunding (carnecruda.es, junto con eldiario.es). Antes colaboró en Radio 3 y la Cadena SER. En esta última y M80 ha copresentado De nueve a nueve y media y No somos nadie, respectivamente. Ha sido conductor de Esta mañana con Pepa Bueno en TVE y guionista de CQC en La Sexta. Ha publicado relatos en dos libros y cuatro discos con diferentes formaciones.

Miguel Mora. Periodista. Ha trabajado en EL PAÍS desde 1992 hasta 2014. Fue redactor y editor en la Edición Internacional, redactor en la sección de Cultura durante 12 años y corresponsal en Lisboa, Roma y París. Ahora dirige el semanario digital CTXT (www.ctxt.es). Ha escrito los libros La voz de los flamencos (Siruela, 2008) y El año de nuestras vidas (Ediciones B, 2014); prepara un ensayo sobre la corrupción en España e Italia.

Yolanda Quintana. Periodista. Investiga los movimientos sociales y su relación con Internet y los medios. Es autora de libros como “Sociedad, consumidores y medios de comunicación” o “Ciberactivismo: las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas” (coautora junto a Mario Tascón). Trabaja en una organización de consumidores. Escribe en Diario Turing (ElDiario.es) sobre privacidad, hacktivismo y derechos digitales. Es Coordinadora y Secretaria General de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información.

François Musseau. Periodista. Corresponsal de Libération, Le Point y RFI en España desde el año 2000, con anterioridad en la India y Brasil. Escribe también habitualmente en otros medios en Francia y resto de Europa, por ejemplo para las revistas Geo y XXI.

Modera

Ulises Wensell

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Esta entrada fue publicada en Sin categoría.

Un comentario el “Café 66. Postinformación. ¿Tiene aún algún valor la verdad?

  1. Pepe dice:

    Lo de que la información esté manipulada es lo de menos. Lo preocupante es que con tantos frentes informativos abiertos, es imposible someter cada uno de ellos al análisis y el trabajo de inteligencia. Nos abandonamos a los medios que más confianza nos merecen, y dejamos que piensen por nosotros. Y ya lo trágico es que en ausencia de la inteligencia o razón, moderadora de nuestras emociones, éstas campan a sus anchas. Un mundo regido por la víscera, insisto, será trágico. Vemos la agresividad sin normas racionales en los debates televisivos. Todo vale. Ya no se elige a los políticos por sus cualidades extraordinarias. Nos da casi igual que no haya un gobierno inteligente. Lo que queremos es que metan en la cárcel a los corruptos, que quiten los derechos a los inmigrantes, etc. Estamos viendo qué el electorado se decanta por los extremos. Qué decir de las religiones. Qué decir de los deportes, de las insistentes llamadas de las ONG a nuestros sentimientos primarios. La víscera está suplantando a la razón y esto es muy mala noticia.Somos marionetas unidimensionales al servicio del poder, o lo que es lo mismo, del capital. No me sorprendería que, en contra de lo que hasta ahora ha venido siendo nuestra evolución, descubriéramos que nuestra capacidad craneana iba en retroceso.

    Enhorabuena por vuestra tertulia, pero es una pena que la gente no esté por hacerse preguntas y complicarse fuera de la llamada zona confortable.

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